Para vivir mejor OPINIÓN

La actitud de víctima

Por Bernardo Stamateas. Psicólogo.

07/05/2018 -

Todos los seres humanos atravesamos por las llamadas crisis evolutivas. Estas son normales, esperables y universales. Por ejemplo, casarse es una crisis y tener un hijo es otra. ¿Por qué?

Porque en esas situaciones hay un cambio cuantitativo o cualitativo. Si nos casamos, un día somos novios y al día siguiente somos esposos; si tenemos un hijo, de dos pasamos a ser tres. La crisis, por lo general, tiene mala prensa. Pero, en realidad, es un cambio.

¿Dónde radica el problema? En el hecho de ser caña o rama. Si sos rama, ante cualquier viento fuerte, te quebrarás. Si sos caña, el viento podrá doblarte pero jamás quebrarte. Existe un nivel de flexibilidad interna que sirve para adaptarnos al cambio. Uno tiene que intentar cambiar el afuera pero si, no puede hacerlo, tiene que cambiar su adentro. Cuando decidimos tener una actitud de víctima, perdemos poder y nos quebramos. Mucha gente prefiere asumir esta postura, la cual es totalmente tóxica.

La “víctima” puede mostrar tres variantes. A saber:

•La víctima de uno mismo. Es la persona que dice: “No puedo”; “es muy difícil”; “no tengo capacidad”; “todo siempre me sale mal”. Su creencia de ser impotente frente a la vida la inhabilita para alcanzar el éxito y disfrutarlo, como todos los demás.

•La víctima de los demás. Aquí la persona cree que los demás son los culpables de que le vaya mal en la vida y jamás reconoce su parte. Estas son algunas de sus frases más comunes: “Vos me hacés enojar”; “nadie me entiende”; “mi mamá me traumó”; “nadie me ayuda”.

•La víctima del mundo. En el fondo, tiene la creencia de que el mundo está en su contra y, por esa razón, no puede salir adelante. Se ve como alguien condenado a pasar el resto de su vida en la misma condición y jamás intenta hacer algo para mejorar.

¿Cuál es el origen de esta actitud? Muchos padres les transmiten el sentirse víctimas a sus hijos. En algunos hogares, hagan lo que hagan los hijos nunca es suficiente para sus padres (y esto comienza en la niñez).

Como consecuencia, ese hijo se siente falto de control para modificar la realidad y, una vez adulto, sigue actuando de la misma forma. La víctima no nace sino que “se hace” y el origen siempre se encuentra en la familia de origen. ¿Es posible dejar de ser una víctima? ¡Claro que sí!

Si bien el colocarse en esta postura puede reportarle algún beneficio a la persona, su objetivo es manipular a la gente según su voluntad. Le fascina estar en el centro de la escena porque desea que todos se den cuenta de su malestar. Lo cierto es que para salir de esta actitud, es importante recuperar los derechos asertivos, lo cual quiere decir conocer estas dos verdades:

1. Mi felicidad depende exclusivamente de mí.Nadie me puede hacer feliz, si yo no decido serlo.

2. Yo decido cómo reaccionar, pase lo que pase afuera. Yo interpreto las circunstancias a mi manera y luego decido cómo actuar. Tomar el control remoto de nuestra propia vida nos permite modificar la realidad que nos lastima y dejar de ser víctimas indefensas de ella.

 
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