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Los primeros cultivos de viñedos en tierra santiagueña

- 07:17 Santiago

Santiago del Estero fue fundado con ese nombre en 1553 por Francisco de Aguirre, enviado desde Chile por el mismo Pedro de Valdivia, luego de forzar a los hombres de Juan Núñez del Prado, provenientes del Alto Perú, a abandonar el cuarto asentamiento de la ciudad de Barco, establecida una media legua (unos 2,5 km) al sur de la actual capital santiagueña.

En 1556 el núcleo de españoles establecidos en la futura “Madre de Ciudades” conformaba una pequeña aldea que aún no contaba con un sacerdote que se encargase de los oficios religiosos. Los vecinos decidieron entonces ir a buscar uno a Chile, de cuya jurisdicción dependían. Los documentos mencionan a cinco conquistadores que, a fines de ese año, emprendieron la aventura; en cambio, como es habitual en estos casos, no registran a los guías y porteadores indígenas que fueron con ellos y, sin los cuales, el recorrido hubiera resultado imposible.

Tres décadas después, en un documento presentado para “demostrar los notables servicios prestados” por Santiago del Estero “en el descubrimiento y conquista de la comarca del Tucumán”, un testigo recordaba que ese viaje se hizo “con grandísimo riesgo de sus personas por ser todo lo más camino por tierra de guerra, de caminos asperísimos de cordilleras nevadas de grandísimos fríos e despoblados y este testigo lo sabe porque lo caminó cuando fue a Chile y así sabe que es un camino de todo extremo e peligroso, donde vio este testigo gran suma de indios muertos helados enteros sin corromperse ellos ni los vestidos por el gran frío e lo propio había gran suma de caballos muertos que se le murieron a don Diego de Almagro cuando fue al dicho reino de Chile”.

Luego de atravesar los territorios de lules y calchaquíes, “tierras de guerra” para los conquistadores hispanos, y cruzar la cordillera de los Andes, la comitiva llegó a comienzos de 1557 a La Serena, en la costa del Pacífico, donde logró mucho más que su objetivo inicial.

A su regreso, los vecinos de Santiago del Estero trajeron con ellos a un religioso, fray Juan Cidrón o Cedrón, y además “semillas de algodón e plantas de viña”, que resultaron “de mucho provecho … porque en la tierra no había más cultivos que de solo Máiz”.

Esta es la referencia documental más antigua que ha quedado sobre la llegada de la vid al actual territorio argentino, que luego tendría otras vías de acceso, desde Chile pero también desde el Atlántico y el Alto Perú. A medida que desde Santiago del Estero se fueron fundando las ciudades de la antigua Gobernación del Tucumán, la vid comenzó a difundirse por el actual noroeste y centro de la Argentina. Ya en el siglo XVII había producción de vinos y aguardientes en La Rioja y Córdoba; más tarde, según la tradición, las viñas llegarían a Salta, de la mano de los jesuitas, que introdujeron sarmientos desde el Perú y el Alto Perú.

Aunque no se conoce la fecha exacta, la vid también se introdujo en lo que era la avanzada de la conquista española en el este de América del Sur, el Paraguay. Es posible que se la haya traído por vía del Atlántico y tal vez atravesando lo que hoy es el sur del Brasil, y posteriormente quizá también del Alto Perú, donde a partir de vides provenientes del Perú se había iniciado su cultivo. Asunción cumpliría en el Litoral un papel similar al de Santiago del Estero en el Noroeste, como “Madre de Ciudades”.

Hay constancias de que para 1573 —el mismo año de la fundación de la ciudad de Córdoba, desde Santiago, y de la de Santa Fe, desde Asunción— el Paraguay producía unas 6.000 arrobas de vino. Medio siglo después, en 1627, las 127 viñas registradas alrededor de Asunción contaban con 1.778.000 plantas, y el vino que se elaboraba con sus uvas abastecía a las ciudades del Litoral.

Sin embargo, algunas décadas después esa producción decayó, e incluso en el Paraguay se consumían vinos de Cuyo, esa región que durante siglos pareció haber sido preparada para albergar y hacer crecer la vid.

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