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La teoría psicológica interpersonal del comportamiento suicida

- 00:40 Para vivir mejor

La base teórica de esta aproximación tiene tres componentes principales.

1. Sentido de pertenencia frustrado

El primer elemento de la teoría es un sentido de pertenencia frustrado; y es que la evidencia indica que, cuando las personas mueren por suicidio, en su mayoría se sienten desconectadas de los demás, originando una idea y sentir por parte de los individuos de que nadie realmente se preocupa por ellos, y como alternativa, puede reflejar la sensación de que, mientras a “algunos les puede importar”, nadie puede relacionarse con ellos y comprender su situación. Ambas sensaciones dejan profundos sentimientos de soledad, la persona se siente aislada y claramente desamparada, esta idea contradice una realidad diferente muchas veces ya que las personas que mueren por suicidio rara vez, o nunca, carecen de otros que se preocupen por ellos, pero los pensamientos automáticos disfuncionales son capaces de sesgar las percepciones de los individuos sobre el mundo que los rodea. Además, aunque existan personas que se preocupan por ellos, no pueden relacionarse con su experiencia vivida en el caso de las personas que hayan pasado por un trauma o experiencia desagradable, así que las personas pueden sentirse distanciadas de otras que no experimentaron los mismos eventos abrumadores, independientemente de los conocimientos que otros posean acerca de dicho evento.

2. La carga percibida

El segundo componente es la carga percibida, que de igual manera que la pertenencia frustrada, generalmente es impulsada por pensamientos automáticos distorsionados; y son estos dos componentes los que conforman el “deseo de suicidio”. Las personas que experimentan elevaciones en esta variable tienen la sensación de que no hacen contribuciones valiosas al mundo que les rodea. Pueden verse inundadas por pensamientos de inutilidad y minusvalía, en consecuencia llegan a estar seguros de que la vidas de los demás mejorarían si desaparecieran o no habría diferencia alguna acerca de la existencia propia.

Una vez más, tales creencias en caso de no ser verdaderas, son una tendencia cognitiva común de parte de los individuos después de experimentar ciertos tipos particulares de eventos. Perder un trabajo, perder un ascenso, pasar a la jubilación y reprobar un examen son varios ejemplos de tipos de experiencias que pueden generar una sensación de angustia.

En el caso de pensamientos intervenidos por comentarios seguidos de un constante maltrato emocional, solo vienen a reafirmar la constante auto-descalificación que un individuo ya posee.

3. La capacidad adquirida

El tercer elemento, la capacidad adquirida, revalida el proceso que ocurre cuando los centros cerebrales responsables de la motivación y el aprendizaje interactúan y el estado de ánimo cambia la intensidad percibida del dolor. Así es como el dolor físico se vuelve menos pronunciado con el tiempo a medida que el cuerpo se acostumbra a la experiencia. De este modo, las personas que se autolesionan van desarrollando la valentía ante el dolor y lesión, y que de acuerdo con la teoría, adquieren esta preparación a través de un proceso de experimentar repetidamente eventos dolorosos.

Estas experiencias a menudo incluyen autolesiones previas, pero también pueden incluir otras experiencias, como lesiones accidentales repetidas; numerosas peleas físicas; y ocupaciones como la de un médico o un soldado de primera línea en el que la exposición al dolor y las lesiones, ya sea directa o indirectamente, se han vuelto comunes. Cualquier intento de morir debe considerarse un acto serio, porque muchas personas repiten sus acciones. Las personas que hacen cualquier cosa para garantizar que se vea su intención de morir. Es su propia forma indirecta de pedir ayuda, la situación que vive cursa con una gran angustia, y lo que piden es ser salvadas.

Entonces, ¿la teoría puede prevenir el suicidio?

La teoría psicológica interpersonal del comportamiento suicida hace hincapié en la importancia de que las personas especialistas en la salud mental, conozcan los niveles de pertenencia, carga percibida y capacidad adquirida de sus pacientes (especialmente si hay una historia de intentos suicidas previos), ya que este conocimiento puede ayudar en la tarea de la evaluación del riesgo de suicidio y en el proceso terapéutico, la intervención precisa conociendo estas variables y siendo capaces de abordar a tiempo estas distorsiones cognitivas son capaces de darles un giros a las cogniciones que nos afectan. Algunas técnicas a utilizar son la reestructuración cognitiva propuesta por Aaron T. Beck; esta herramienta es reconocida a nivel mundial como muy efectiva para eliminar/tratar la ansiedad, depresión y el estrés. La idea es abordar patrones cognitivos, creencias disfuncionales para tratar de modificarlos o debilitarlos.

Pensamientos suicidas: ¿qué son?

Se consideran pensamientos suicidas todos aquellos pensamientos que tienen un individuo referentes a quitarse la vida de forma intencional y planificada. Estos pensamientos pueden ir desde el mero deseo de morir a la realización activa de planes concretos para la puesta en marcha de la autolisis (proceso biológico por el cual una célula se autodestruye).

Esta última, en que el sujeto ha elaborado el cómo, dónde y cuándo, es la más peligrosa y proclive al realizar del acto. Si bien los pensamientos y deseos de muerte pueden aparecer en una ocasión puntual, en general cuando se habla de ideación suicida o pensamientos suicidas se suele hacer referencia a un patrón de pensamiento recurrente en que aparece el deseo de morir. Puede aparecer una forma meramente cognitiva, si bien lo más habitual es que se produzca cierto anhelo o deseo a nivel emocional o motivacional. La mayor parte de los pensamientos suicidas se tienen en momentos de intenso dolor y sufrimiento emocional.

El individuo siente que independientemente de lo que haga no va a poder modificar el motivo de su sufrimiento. No se siente capaz de dar con la solución, sino que se siente impotente y en ausencia de todo control. La persona con estos pensamientos pierde y tiende a padecer una honda sensación de desesperanza.

Por lo general la idea subyacente, el objetivo que se busca en sí con la ideación suicida no es la de acabar con la propia vida en sí mismo, sino terminar con dicho estado de dolor e indefensión. Al margen de esto existen otros tipos de pensamientos suicidas que se vinculan más al intento de dañar a otras personas o conseguir objetivos específicos. Por ejemplo, en algunos casos se puede llegar al pensamiento de utilizar la propia muerte o el intento de suicidio de manera instrumental para conseguir un bien para sí mismo (como la atención de los demás o en el caso de la violencia vicaria), o los seres queridos (por ejemplo cobrar un seguro) o para provocar culpabilidad y sufrimiento a alguien que se considera responsable del dolor del individuo.

Posibles causas y factores de riesgo

Las causas de la presencia de pensamientos suicidas pueden ser muchas y muy diferentes, dependiendo del caso concreto. Como se ha indicado por norma general este tipo de pensamientos suelen sucederse después de la vivencia o notificación de algún hecho doloroso o una pérdida en la que aparecen sentimientos profundos de dolor, culpa y/o vergüenza que escapan al control del individuo y lo sumen en un estado de desesperación en el que no encuentran ninguna solución posible.

La presencia de abusos, pérdidas de sus seres queridos (sea por muerte o ruptura), facultades o una situación ansiógena de la que no es posible escapar suelen ser los desencadenantes más frecuentes. Ejemplos de ellos serían la vivencia de una violación, un aislamiento prolongado, la incapacitación física, haber provocado y/o sobrevivido a un accidente, el bullying continuado, la bancarrota, el diagnóstico de enfermedades como el cáncer, las demencias o el VIH o el padecimiento de algunos trastornos mentales que cursan con sufrimiento psíquico.

Neurobiología de la persona con ideación suicida

A nivel neuropsicológico se ha observado la presencia de un descenso en el nivel de serotonina en el encéfalo de las personas con este tipo de pensamientos suicidas, enfocándose gran parte de los tratamientos farmacológicos en aumentar dicho nivel. Otras hormonas como la dopamina y la noradrenalina también tienen una gran importancia, al contribuir su ausencia o presencia a estados depresivos y ansiosos que pueden conllevar los intentos de autolisis (proceso biológico por el cual una célula se autodestruye). Como factores de riesgo para pasar del pensamiento al acto destacan la de pertenecer al género masculino, tener una edad avanzada (suelen ser más frecuentes a partir de los cuarenta años de edad), haber tenido intentos de suicidio en el pasado o que algún ser querido haya fallecido de esta forma, el padecimiento de un trastorno mental que nuble o sesgue la capacidad de juicio, la existencia de adicciones a sustancias psicoactivas, problemas médicos crónicos y una elevada impulsividad.

El aislamiento y la ausencia de apoyo social también resultan factores muy relevantes que pueden perjudicar gravemente el estado mental de los individuos.

Por el Lic. Mariano Vega Botter

Neuropsicólogo


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